El diálogo y la búsqueda de un nuevo equilibrio político en Venezuela

Franz von Bergen

Luego del referendo del año 2004, por casi una década Venezuela vivió un periodo de estabilidad política, lo cual no necesariamente resultó en que la democracia del país pasó por su tiempo de mayor plenitud.

Gracias principalmente a los altos precios del petróleo, el carisma de Hugo Chávez y distintas leyes que modificaron el sistema político venezolano, el oficialismo consiguió inclinar la balanza a su favor produciendo un equilibrio político con el que fue capaz de mantener un control casi total sobre el Estado a pesar de que electoralmente sólo era mayoría por un margen estrecho (las diferencias variaron a lo largo de los años entre 26 puntos porcentuales, en 2006, a poco más de 1 en 2013).

El chavismo consiguió así concretar un régimen híbrido que le permitió tomar decisiones autoritarias pero al cual la oposición no lograba hacerle daño electoralmente debido a que era una minoría y las distintas posiciones de poder que conseguía eran neutralizadas con jugadas legales. En la práctica había elecciones y distintas libertades (aunque constreñidas), lo que limitaba las opciones para desafiar al Gobierno de una manera distinta a la electoral.

Actualmente, este equilibrio político se rompió y ya no funciona en Venezuela. El chavismo intenta mantener el control casi total sobre el Estado aplicando las mismas leyes que le permitieron hacerlo en el pasado, pero ya no cuenta con el carisma de Chávez ni los altos precios del petróleo, lo que hace que su posición de leve mayoría electoral se convierta en una de minoría.

Esta variable es clave, pues ahora la oposición sí puede hacer daño electoralmente al chavismo, lo que indirectamente imposibilita su pleno control sobre el Estado si su deseo es seguir haciéndolo de una manera “híbrida”. Con esto a su favor, la Mesa de la Unidad Democrática clama por llegar a mayores posiciones de poder que las que ya ha conquistado.

Esta situación deja una conclusión que en buena medida es obvia: Venezuela necesita que los distintos actores políticos construyan un nuevo “equilibrio”. Sin embargo, esto presenta dificultades distintas a las experimentadas en el pasado. La principal es que los dos sectores mayoritarios deben estar de acuerdo sobre ese nuevo orden, pues el partido que controla el Estado no puede imponer uno nuevo si no cuenta con la mayoría electoral y la mayoría electoral tampoco puede hacerlo si no tiene control  sobre el Estado.

En este punto entra la importancia del diálogo, más allá de cualquier crítica sobre los actuales mediadores o las condiciones en que se esté desarrollando. Venezuela necesita de ese encuentro entre los actores políticos para poder generar el nuevo equilibrio necesario sobre el cual se pueda construir nuevamente el sistema político.

Existen dos conceptos contradictorios de la política que condicionan la forma en que los individuos intentan dirimir sus diferencias. Uno de ellos entiende la lucha política como una de carácter existencial, en la que se descartan las concesiones hacia el adversario y la derrota de uno significa el triunfo del otro. El segundo concepto se basa en la búsqueda del orden y los puntos en común, lo que hace que su meta sea llegar a acuerdos entre las partes que permitan la convivencia.

En pleno siglo XXI, el conflicto venezolano pareciera no poder resolverse de una forma existencial en la que un bando acabe por completo con el otro. De igual forma, la opción que tendría el chavismo de seguir manteniendo el control sobre el Estado a pesar de tener en contra una mayoría electoral pareciera no ser sostenible en el tiempo si se considera que en 2018 habría elecciones presidenciales (esto a menos que cambie lo que ha sido hasta ahora y opte por transformarse en una dictadura tradicional, algo que luce también difícil en los tiempos actuales).

Por consiguiente, la opción que queda es la de buscar el orden y consenso. Esto sólo se lograría a través de un diálogo en el que los distintos actores políticos puedan idear un nuevo equilibrio. Si se fracasa en hacerlo, será mucho más difícil que se ejecuten las medidas necesarias para salir de la situación actual. Venezuela pasa por una creciente crisis económica, pero su solución requiere primero de una salida a la crisis política.

 

 

 

 

 

 

 

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