Manual básico del chavismo para manejar y conservar el poder

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NEHOMAR ADOLFO HERNÁNDEZ

Todos los regímenes políticos ─sean democráticos o no─ tienen ciertos elementos claves que les permiten establecer su perfil propio y que generalmente terminan siendo definitorios cuando se busca que el modelo o proyecto que se enarbola sea perdurable en el tiempo. El poder es un asunto de cuidado: es difícil de alcanzar, pero es aún más complicado conservarlo. Cuando de poder político se trata, el hecho de mantenerlo puede convertirse incluso en un verdadero arte.

En Venezuela se han establecido múltiples debates sobre los factores que en líneas generales pueden servir para entender el fenómeno del “chavismo”. Es decir, de los componentes fundamentales que han asegurado la supervivencia de este proyecto por ya casi 18 años.  Más allá de entrar en la intrincada discusión sobre si el chavismo desde el poder actúa como un régimen democrático o no (cosa que puede abordarse en otro escrito), interesa en cambio establecer algunas precisiones  sobre cuáles han sido los elementos que han hecho posible que tal cosa haya logrado casi que monopolizar el poder político en nuestro país durante un lapso tan largo de tiempo.

Podemos afirmar que durante todos estos  años el chavismo gobernante ha basado su proyecto de poder básicamente en tres aspectos: el aprovechamiento de ingentes recursos económicos proporcionados por un largo boom petrolero, el apuntalamiento del voluntarismo de un líder carismático único al que se supeditan todas las instituciones del Estado y la incorporación en rol protagónico de los militares a la vida política del país. De hecho, si se revisa en detalle el papel que han jugado cada uno de estos tres asuntos, puede llegarse a la conclusión de que cada uno de ellos ha vivido su momento de gloria o de  protagonismo en el transcurso de este tiempo; veamos en profundidad:

Petróleo: divino tesoro

 A partir de 2002 los precios del petróleo venezolano entran en una espiral ascendente, multiplicando los ingresos que obtiene el Estado por este concepto. Luego de 2011 nuestro crudo inclusive se venderá por encima de los 100 dólares por barril, aportando cantidades gigantescas de dinero a la maquinaria estatal venezolana hasta que, en 2013, la tragedia del desplome internacional de los precios aparece en el horizonte. Son hijas de aquel boom petrolero las innumerables “misiones” (programas de asistencia social) que comienzan a implementarse en el país desde 2003 y el consabido ensanchamiento inescrupuloso que experimenta la administración pública desde entonces.

Esta operación de transferencia de renta petrolera a la gente, en principio utilizada en pos del objetivo puntual de lograr que Chávez superara con éxito el referéndum revocatorio de 2004, se convertirá en uno de los mecanismos característicos del chavismo para conservar el poder: la utilización de los recursos provenientes de la explotación petrolera para comprar y condicionar lealtades a través de programas de asistencialismo y la incorporación de trabajadores a un aparato burocrático estatal cada vez más creciente y sobredimensionado, todo ello con miras a solidificar una base electoral cuantiosa que le permitiese al régimen legitimarse consecuentemente en procesos electorales.

 Chávez: centro del universo

La victoria del chavismo en el referendo revocatorio de 2004, la decisión de los partidos políticos de oposición de desistir de participar en las elecciones parlamentarias de 2005 y el nuevo triunfo ─con amplísimo margen de ventaja─ del propio Chávez en los comicios presidenciales de 2006 sirven de escenario perfecto para el desarrollo del liderazgo único carismático del Teniente Coronel. Una personalidad irrepetible, suerte de híbrido entre Amador Bendayan, Juan Domingo Perón y Fidel Castro, capaz de hacer reír, llorar y patalear a su audiencia, se convierte en el centro del universo. Todo girará en torno a él; al punto de que, en 2012, Chávez será simplemente “El corazón del pueblo”.

Es este el componente emocional y sentimental del chavismo, que complementa la relación utilitaria y materialista que describimos más arriba. Ergo, si el chavismo era atractivo porque distribuía clientelarmente beneficios tangibles (casas, carros, viajes, entre muchas cosas), también lo era porque -como las iglesias- daba amor y esperanza de redención a sus fieles a través de la figura paternal que encarnaba el propio Presidente de la República.

Militares al poder

La tercera pata del trípode es de color verde oliva. La incorporación de los militares como protagonistas en la vida política venezolana durante esta etapa no fue una cosa producto del azar; se trata más bien de una decisión enteramente racional si se entiende que en el chavismo predomina una visión de ejercicio del poder a través de formas autoritarias. En la invitación de Chávez a sus excompañeros de cuartel a participar del manejo del gobierno hay, en primer lugar, la asunción de la premisa de que los hombres de armas siempre han detentado directa o indirectamente el poder en Venezuela,  por lo que es mejor conminarlos de lleno a la fiesta de la gestión pública (por aquello de que el que tiene las armas es el que decide quien tiene y mantiene el poder) y, en segundo término, la convicción de que en algún momento la “revolución bolivariana” escalaría hacia una etapa en la que el conflicto entre el gobierno y sus opositores ameritaría de dosis importantes de represión y, siendo que ésta generalmente la administran los militares, era de vida o muerte cooptarlos y hacerlos favorables a la causa chavista.

La fase de militarización de la política ha estado presente desde el mismo momento en el que Chávez pisó Miraflores y ordenó a los efectivos de las Fuerzas Armadas el capitanear ventas de pollo en la Avenida Bolívar (recordar el llamado Plan Bolívar 2000); sin embargo esto se ha visto exponencialmente incrementado desde que su sucesor civil, Nicolás Maduro, tomó el poder. Viene a cuento por ejemplo, la reciente designación del Ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López, como pieza a la que deben obedecer y rendir cuenta todas las dependencias del enorme aparato estatal venezolano, en pos de derrotar una tal “guerra económica” que se encuentra en pleno desarrollo.

Desde hace más de un año los precios internacionales del petróleo cayeron ostensiblemente (y no hay esperanzas de que, en lo inmediato, repunten a niveles cercanos a los tan ansiados 100 dólares por barril). Hugo Chávez falleció y con él aquel liderazgo carismático personalista que nucleaba en torno a sí una considerable base popular que le permitía mantenerse a flote electoralmente. De allí que resulte entendible por qué hoy por hoy la variable sobre la que se apalanca el chavismo es la última que hemos descrito: los militares. Son ellos, lamentablemente, quienes tienen la voz cantante en los tiempos por venir.

 

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