Militares controlan más ministerios que nunca antes en la historia del chavismo

FRANZ VON BERGEN

El nombramiento de José David Cabello como ministro de la nuevamente fusionada cartera de Industrias y Comercio, ocurrido el pasado 19 de octubre, es histórico. El lector se preguntará por qué, si la fecha transcurrió sin mayores vicisitudes y la obtención de mayor poder por la familia Cabello es algo recurrente en este gobierno. Lo que hace que ese hecho sea especial es el significado que esconde: con la decisión, el gabinete ejecutivo de Maduro pasó a estar bajo el mayor porcentaje de control militar registrado en la historia del chavismo.

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El peso de la FANB

A Hugo Chávez, teniente coronel retirado que llegó a Miraflores en 1999, lo sucedió en la presidencia un civil. Sin embargo, eso no se tradujo en un mayor poder de este sector sobre la política venezolana. El control militar a través de oficiales activos o retirados ha ido en aumento en todas las áreas del proceso revolucionario, desde el gobierno hasta su organización política, el Partido Socialista Unido de Venezuela. El pretorianismo, entendido como la influencia política abusiva ejercida por un grupo castrense, ha llegado con Maduro a su mayor grado de madurez.

Militares activos o retirados controlan 32,1% de los 28 ministerios que tiene el gabinete. Manejan algunas de las carteras de mayor relevancia como Relaciones Interiores, Justicia y Paz, con el general Gustavo González López; Economía, Finanzas y Banca Pública, con el general Rodolfo Marco Torres, y Defensa, con el general Vladimir Padrino López.

El dominio supera por poco el de 2004, cuando oficiales activos o retirados estuvieron a cargo de 31,8% de los 22 ministerios que había entonces. Al igual que ahora, en aquella época también se vivían momentos de inestabilidad. La popularidad de Chávez venía de su peor año en 2003, al llegar a 39,3%, según números de Datanálisis. Acababa de superar el golpe de Estado de abril de 2002 y el paro petrolero que se prolongó hasta 2003; además, el 15 de agosto de 2004 tuvo que ganar un referéndum revocatorio para poder continuar su gestión.

En ese momento la preponderancia castrense se limitó al área política del gabinete. Oficiales controlaron los ministerios de Comunicación e Información, Despacho de la Presidencia, Interior y Justicia y Defensa, mientras que solo mandaron en 30% de los despachos relativos al sector económico y ninguno del área social.

La situación es distinta ahora. En medio de una de las crisis más severas de la historia reciente, la economía quedó mayormente en manos militares luego de que Cabello, egresado de la Academia Militar en Contaduría y Ciencias Militares, asumió también la cartera de Comercio. Oficiales están al mando de 6 de los 11 ministerios de esa área, algo que nunca había ocurrido en los años del chavismo en el poder. Asimismo, manejan la mitad de los despachos del área política. La social, que históricamente ha estado bajo dominio civil, se mantiene así.

“Los militares terminan con más poder aunque no sean mayoría con respecto al total del gabinete. Esto ocurre porque ocupan los cargos de mayor impacto, por lo que tienen más preponderancia en términos cualitativos”, advierte el historiador Luis Alberto Buttó, especializado en relaciones civiles y militares y profesor de la Universidad Simón Bolívar.

El politólogo Nicmer Evans, dirigente de Marea Socialista, considera que con un gabinete sacado del cuartel, Maduro busca estabilidad en medio de la crisis, en la que rema con un disminuido 20% de aprobación, según Venebarómetro. “La mayor presencia de los militares en la burocracia del Estado responde a que el presidente se siente más seguro y confiado de que así este sector no tendrá intención de involucrarse en ninguna acción que desestabilice su gobierno”, expresó.

MAduroMilitares

Cuestión de proyecto. El nuevo despertar del pretorianismo en Venezuela ocurrió el 4 de febrero de 1992, cuando Chávez dirigió el golpe de Estado contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez. Desde 1958, luego de la caída de Marcos Pérez Jiménez, el sector militar se había mantenido a raya luego de años de controlar la política nacional desde que Juan Vicente Gómez institucionalizó las Fuerzas Armadas a principios del siglo XX y se apoyó en estas para gobernar por 27 años.

“Lo que vemos actualmente es la continuación de un proyecto que iba avanzando y que correspondió a Maduro seguir. Un civil puede perfectamente tener un comportamiento y una actitud pretoriana si favorece la participación militar abusiva en la política, y eso es lo que estamos viendo con Maduro”, explica Buttó, que este año publicará El Estado cuartel en Venezuela: radiografía de un proyecto autoritario, libro que reúne artículos sobre el tema escritos por académicos venezolanos.

Maduro, por ejemplo, no habla de dirección política a secas. Le agrega el epíteto de “dirección política militar”. Además, tal como hacía su predecesor, utiliza un lenguaje estrictamente castrense: nombra unidades de batalla, habla de guerra económica, invasiones, de ofensivas y contraofensivas, se apropió de la figura organizativa castrense del Estado Mayor para enfrentar problemas de toda índole como el contrabando, la crisis eléctrica o la epidemia de dengue y chikungunya. Por si fuera poco, se ha apoyado más que nunca en la fuerza militar para replegar a la oposición. Según Provea, entre febrero y abril de 2014 reprimió 34% de las manifestaciones que hubo, mientras que el porcentaje más alto de Chávez apenas llegó a 7% en 2009.

“El presidente se siente cómodo con la manera de proceder de los militares”, afirmó Buttó.

En sus primeras entrevistas tras el golpe de Estado de 1992 Chávez defendió con fuerza la participación de los oficiales en la política. En los sistemas de democracia liberal esa actuación está vedada bajo la idea de que el poder de fuego que tienen los oficiales les da una posición ventajosa en el debate político debido a que podrían utilizar las armas para someter al contrario e implantar su voluntad.

“Los militares no pueden seguir siendo los grandes mudos del escenario (…). El que lleva por dentro la procesión, pero no tiene ningún canal para comunicarla, para drenarla”, aseguró Chávez en una entrevista que le hizo José Vicente Rangel el 26 de marzo de 1994.

Tan pronto llegó al gobierno el chavismo dio cabida a los militares dentro de actividades políticas ajenas a la doctrina castrense. Esto con la idea de una supuesta unión cívico-militar.

La presencia de militares en el gabinete solo disminuyó en 2010 y 2011, años en los que solo controlaron 14,8% y 13,3% de los ministerios, respectivamente.

“La sola presencia de Chávez, debido a su origen militar, hacía innecesaria la presencia de más oficiales en su gabinete. Él tenía un gran predominio sobre el resto de los miembros, aunque fueran civiles”, expresó Buttó.

La situación cambió luego de que a Chávez le diagnosticaran cáncer en 2011. A partir de 2012 hubo un repunte de los oficiales activos y retirados en el gobierno e incluso en el PSUV.

Para las elecciones de ese año el capitán retirado Diosdado Cabello fue nombrado presidente del partido en reemplazo de Cilia Flores, una civil. Además, el presidente cambió la dirección nacional de la organización para introducir más figuras provenientes de los cuarteles y, para las elecciones regionales de 2012, seleccionó como candidatos a gobernadores a 12 militares y a 11 civiles, primera y única vez que la tolda ha postulado a más oficiales en unos comicios.

Con Maduro en la Presidencia, el control militar sobre el gabinete siempre ha ido en aumento: de 21,9% ha llegado a 32,1%. El porcentaje podría ser mayor si se considera que Marco Torres está a cargo de una cartera que surgió de la fusión de otras dos, Finanzas y Banca Pública. Lo mismo pasa con Cabello y los despachos de Industrias y Comercio.

¿Más eficiencia? Investigaciones de Buttó han señalado que Chávez y los oficiales que llegaron al poder junto con él se sentían aptos para actuar políticamente por tres razones: 1.- vinculaban la seguridad nacional con el desarrollo del país, por lo que consideraban que era su responsabilidad transformar la sociedad; 2.- se consideraban más capaces que el liderazgo civil de su momento, y 3.- pensaban que eran la “representación perfecta” del pueblo y los herederos del ejército de Simón Bolívar.

“Existe el pensamiento de que los militares tienen mayor eficiencia en la resolución de problemas, pero en Venezuela ha quedado demostrado que la unión cívico-militar no tuvo los niveles de eficacia que se propuso. Ser militar no implica saber de todo, especialmente en temas de profesionalización y experticia que poco tienen que ver con la disciplina heredada de la formación militar”, advierte Evans.

Luis Zambrano Sequín, individuo de número de la Academia de Ciencias Económicas, señala que los funcionarios que ocupan puestos ministeriales en el área económica requieren de un conocimiento técnico suficiente que les permita tomar decisiones vinculadas con la política macroeconómica.

“Lamentablemente estos militares no cuentan con ese conocimiento, cosa que tampoco tienen varios de los civiles que están en otros cargos. Desde hace 10 años es evidente la bajísima capacidad de los funcionarios para gestionar políticas económicas”, alerta Zambrano.

Además, varios oficiales han sido relacionados con casos de corrupción. Por ejemplo, en abril de este año la Fiscalía emitió una orden de captura contra el general Hebert García Plaza, que fue ministro de Alimentación y de Transporte Acuático y Aéreo. De igual forma, investigaciones de El Nacional han revelado la participación de militares en casos de corrupción con divisas vinculados con la extinta Comisión de Administración de Divisas (Cadivi).

Situaciones como estas han hecho que la imagen de la FANB se deteriore. Según una encuesta de Venebarómetro hecha en junio de este año, 53,8% desaprueba la gestión de esa institución.

Pese a eso, Buttó alerta que el pretorianismo seguirá incrementándose en el chavismo: “Ese proyecto está avanzando hacia uno militarista con miras a convertir a Venezuela en un Estado cuartel en el que el elemento militar tiene preeminencia”.

Además de ocupar posiciones ministeriales, oficiales de la FANB también dirigen empresas públicas, viceministerios y otras instituciones típicamente civiles.

Investigaciones del sociólogo Eduardo Guzmán Pérez, especialista en historia de la Fuerza Armada y con estudios de Estado Mayor,  refieren que hasta 2013 cerca de 1.614 militares de varios rangos desempeñaron cargos en la administración pública.

La situación ya es palpable también en la sociedad. Se hacen llamados a la población para que se adhiera a la Milicia y el PSUV organiza a su militancia con una estructura de base piramidal muy parecida a la que caracterizó a los partidos fascistas, dominados por militares y que tenían el objetivo de organizar ejércitos civiles.

Evans, que sigue declarándose chavista pese a estar separado del gobierno, señala que en el futuro el movimiento tiene que acercarse más al segmento civil con el fin de ser una mejor opción para los venezolanos. “Se necesita del civil profesional que es capaz de desarrollar políticas públicas para enfrentar los problemas que tenemos. No se puede descartar la unión cívico-militar, pero los oficiales deben actuar en sus áreas de competencia”, concluye el politólogo.

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